AUTO.

AUTO es un viaje sin mapa. Es más, un viaje sin destino. Un trazado anárquico compuesto de letras e imágenes que no pretenden nada. Que ocupan espacio y tiempo, neuronas y corpúsculos, por el mero hecho de estar presentes, no porque lo pretendan. Un torrente continuado de ideas a punto de caducar. Un enhebrar el constante flujo de información perecedera en un formato visitable a posteriori.
Un mero conjunto de estímulos que no pretenden más que inyectarse en lo consciente. El fotograma de un sueño. Una idea no apuntada.

AUTO no es nada. No es nadie. Es generación espontánea de contenido en el formato disponible en el momento de captar las ondas creativas. Es una cuidada recreación de la nada. Es ponerle letra al himno que chirría la maquinaria del fondo del subsconsciente. Es la tergiversación de la realidad para amoldarla en pildoras de fácil consumo e imposible digestión.

AUTO es un cartel oxidado que reza “No entre. Área incomprensible” sobre una puerta abierta de par en par. Es una mentira bien mecanografiada. Es un desconsiderado inserto óptico en el bombardeo de ofertas de compra. AUTO es un sueño que se recuerda al despertar y al que quieres sacarle un significado. No lo tiene. AUTO no sirve para nada.

AUTO sucede.

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