INCENDIOS.

Incendios cotidianos que devoran bosques que ya fueron quemados en un sempiterno esfuerzo de revelar la capa freática de la tierra que arrasa. Llamas ámbar cristalizadas que agujerean las rocas fundiendo el parecer y el ser del paisaje negando su constancia. Fuego que calcina el mismo oxígeno que condena la persistencia del hábitat endógeno convirtiendo toda la vida circundante en un oscilante teatro de sombras.


El campo incendiado en slow-motion para alargar aún más la combustión.


Un incendio eterno. Un infierno.

Un bosque en llamas. Los estrechos troncos de los árboles parecen ejercer de barrotes, encerrando un fuego que les consume.

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