Ejercer la escritura desestructurada equivale a llamar a una asesoría legal a las doce de la noche.
Organizar los ficheros de facturación del último trimestre siguiendo el orden de un sueño.
Ordenar un relato lógico tomando como único recurso la abstracción invertebrada.
Trazar los planos de un edificio mediante la escritura automática.
Conceder permiso a la mente para ausentarse.
Teclear. Trazar.
Convertirse en un trasunto de medium que solo tiene conexión consigo mismo en un plano lógico que está a unos centímetros por encima de su cabeza. Invención luminosa disfrazada de halo de santidad. Un uroboros sintáctico que empieza y acaba en sí mismo. Un mensaje que no irá a ninguna parte proveniente de la suspensión del tiempo.
Trazar. Teclear.
No estar mientras se escribe.
Convertirse en un contable de palabras que las plasma sobre el papel dormido.
Vulnerar el ordenamiento lógico certificando la legalidad de sopas de letras sin resolver.
Evocar a la escritura desestructurada equivale a llamar a un despacho a las doce de la noche.
Y que sea uno mismo el que conteste al teléfono.






