ESCRITURA AUTOMÁTICA

Entiendo la escritura automática como un requisito indispensable para vaciar el diálogo de contenido y, a su vez, elevarlo convirtiéndolo en un texto sin sujeto. Imagina una habitación vacía en donde un ordenador desgrana palabras aleatorias y otro se encarga de transcribirlas sin ponerles nota ni corrección. Una suerte de encontrar patrones en las gotas de lluvia y con él llenar un lienzo a medias con un poema prendido del marco. Una nada anti-utilitaria, autónoma. Una transmisión desde una luna de Júpiter que no entiendes pero no puedes dejar de escuchar. Porque es nueva. Porque no tienes que recordarla, no te darán un título por repetirla, no te va a servir para ganar dinero.

El ejercicio se perpetúa sin intervención del ego. No hay nadie escribiendo, solo se recibe un teletipo en papel continuo cifrado por el aliado durmiente que cada cierto número de palabras inocuas te avisa de un peligro en código secreto. Haz con el papel lo que quieras. Transmítelo a tus superiores, o píntale un bigote al margen. Ese teletipo seguirá escupiendo palabras y te puedes perder alguna sin temor a no entender la serie. Vas por el capítulo S03x08 y te da igual porque no hay personajes. O sí, y son autoexplicativos y autoconclusivos. Y el escenario es tu casa o el pasado al que no puedes volver. Y hay un sencillo elefante de patas de alambre o una hermética cafetera en una habitación no euclidiana.

Y te da igual. Porque esa serie la estás soñando y mañana emiten otra distinta con los mismos actores.

En este método surrealista no hay nadie, no hay nada. Solo estímulos rescatados del sueño.

MODUS OPERANDI

Todo responde a un afán de ordenación estética, más que a un claro compromiso e intento de construcción sintáctica y de ideas. Un trasunto de cartógrafo de lo etéreo que solo tiene palabras y breves apuntes para trazar las fronteras de la espuma. Un ejercicio tan vacuo y volátil como transcribir sueños engañando al subconsciente, puesto que te imbuyes y trasciendes al estado de las ondas propias del sueño mientras te encuentras, tecleando, sin estar despierto y sin estar dormido. Un taquígrafo en la penumbra inventariando una habitación onírica. Todo esto es y nada a la vez. Son solo renglones acumulados, palabras que explotan como fuegos artificiales en blanco y negro, ruido de una maquinaria lisérgica, apuntes del natural en un cuaderno mental.

El mismo párrafo se pregunta en qué coordenadas causales existe. ¿Dónde está? Suspendido entre grabaciones en disco, impreso en el papel, leído en habitaciones traseras por altavoces automáticos, expuesto en galerías de arte que solo abren al atardecer.

El pensamiento se encuentra supeditado a esa misma duda. ¿Es propio, es ajeno? La idea atribuida a la concatenación de libros a medio leer, titulares de periódico ojeados de reojo, noticias ensartadas entre saltos de canal, herencias encapsuladas en equivocaciones perpetuas y aciertos pasajeros.

Todo responde a un afán de transcripción automática, más que a un efecto educativo, comprensible, alternativo, disyuntivo, evocador, provocador. Es un corpus para leer entre saltos cuánticos, unas instrucciones de montaje para recitar de espaldas, una partitura para tararear con los párpados, palabras que tienen miedo de internarse solas en la nada.

Todo esto y nada de esto es lo que estás (quizás) leyendo.

AUTO.

AUTO es un viaje sin mapa. Es más, un viaje sin destino. Un trazado anárquico compuesto de letras e imágenes que no pretenden nada. Que ocupan espacio y tiempo, neuronas y corpúsculos, por el mero hecho de estar presentes, no porque lo pretendan. Un torrente continuado de ideas a punto de caducar. Un enhebrar el constante flujo de información perecedera en un formato visitable a posteriori.
Un mero conjunto de estímulos que no pretenden más que inyectarse en lo consciente. El fotograma de un sueño. Una idea no apuntada.

AUTO no es nada. No es nadie. Es generación espontánea de contenido en el formato disponible en el momento de captar las ondas creativas. Es una cuidada recreación de la nada. Es ponerle letra al himno que chirría la maquinaria del fondo del subsconsciente. Es la tergiversación de la realidad para amoldarla en pildoras de fácil consumo e imposible digestión.

AUTO es un cartel oxidado que reza “No entre. Área incomprensible” sobre una puerta abierta de par en par. Es una mentira bien mecanografiada. Es un desconsiderado inserto óptico en el bombardeo de ofertas de compra. AUTO es un sueño que se recuerda al despertar y al que quieres sacarle un significado. No lo tiene. AUTO no sirve para nada.

AUTO sucede.