MENSAJE SIN MENSAJE.

El receptor espera un mensaje articulado y sin embargo recibe un edificio envuelto en bruma delimitado por lejanos relámpagos. El lector arquea las cejas ante lo inesperado de las páginas desorganizadas que emiten en televisión en horario de mañana para desempleados nostálgicos que solo saben ver lo que vieron. Es inútil que el receptor intente sonsacar la información esperada a un texto redactado con los ojos rodando por las nubes, sin ni siquiera la certeza de que se están cometiendo faltas por las gaviotas que lo cruzan.


No hay mensaje aquí. No hay aprovechamiento, ni utilitarismo, ni enseñanza ni manera de conseguir dinero, fama, fortuna, reconocimiento, amor, templanza, bienes fungibles ni pagarés para el alma. Son solo dos sinfonías tocadas a cuatro manos sin que los ejecutantes hayan tenido tiempo ni intención de ensayar previamente.


Usted no recibirá beneficio de estas palabras si llega a leerlas. Usted no entenderá nada. Usted ha estado unos segundos, minutos, momentos, latidos, leyendo sin sacar nada en claro.


El receptor espera un mensaje articulado y solo llegan ráfagas morse para ciegos. El lector esperaba lectura y la vida le devuelve un caos letrado y una sensación de leer en sueños.


El mensaje termina aquí. Usted no debe reflexionar sobre este punto.

Edificio envuelto en nubes. Los primeros pisos son perceptibles pero la estructura de ventanas se disuelve en lo alto.

INCENDIOS.

Incendios cotidianos que devoran bosques que ya fueron quemados en un sempiterno esfuerzo de revelar la capa freática de la tierra que arrasa. Llamas ámbar cristalizadas que agujerean las rocas fundiendo el parecer y el ser del paisaje negando su constancia. Fuego que calcina el mismo oxígeno que condena la persistencia del hábitat endógeno convirtiendo toda la vida circundante en un oscilante teatro de sombras.


El campo incendiado en slow-motion para alargar aún más la combustión.


Un incendio eterno. Un infierno.

Un bosque en llamas. Los estrechos troncos de los árboles parecen ejercer de barrotes, encerrando un fuego que les consume.

FUEGO, ACERO Y PIEDRA.

El acero candente vuelve a cruzar la línea de costa. Traza la paralela del océano cuando las nubes permiten vislumbrarla. Observa como avanza en su giro concéntrico, proyectando un vórtice futuro, emitiendo una promesa de jurado cumplimiento. Jura, no promete, porque sabe que si no lo logra el castillo terminará cayendo. El proyectil se disparó al principio y de su fórmula matemática se ha eliminado la resistencia y se desprecia el ángulo de caída. Trabajan bajo un contrato tramposo de obra y servicio, dispuesto a extinguirse.
Quizás el castillo ofrezca su rendición pero el proyectil no haya llegado a alcanzarlo y tanto da, porque el castillo deberá esperar, piedra sobre piedra, a que el acero concentrado lo atraviese y acabe así su reinado.