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MAGOS.
Agitar la mano frente a los ojos de otro. Avisarles del truco. Decirles donde está la carta, el pañuelo, la paloma. Y aún así que no te crean. Que sigan observando esa mano candente, pendular, activa, hipnótica y pueril de truco de barraca. Y tú gritas la solución en sus oídos, ofuscado porque se acabó la función y les están prestando más atención a los decorados flotantes que ya se alejan que a tu efímera función.
Sin embargo no te das cuenta que, queriendo hacer magia, los quisiste amoldar a tus movimientos. Y no se puede abrir la puerta de la magia para hacer aparecer una bola bajo un cubilete y luego cerrarla. Si abres la puerta todo es válido. El aplauso de reconocimiento y la mirada perdida imaginando los trucos que ellos podrían inventar.No es lícito querer acaparar la mirada cuando todos somos magos.
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MUDANZA SENSORIAL.
Tan solo unas líneas testimoniales para solicitar una conferencia con el reverso cerebral. No debe tener en cuenta estos tonos, son solo para detectar que los dos lados de ninguna persona se encuentran dispuestos a ser traspasados por palabras que brotan desde algún lugar. Acomódese como el que se entretiene en una sala de espera mirando una calle que no observaría en condiciones normales, una luz en una ventana donde solo pasa una cabeza fugaz cada cierto tiempo.
Usted no debe reflexionar en absoluto sobre lo que oiga o vea. Son solo fragmentos encadenados de algo más grande, como querer aprehender el mundo a través de un ventanuco. Una pequeña apertura de cristal esmerilado en el fondo de algún callejón excéntrico. Como querer desarrollar la idea compleja de todo lo que nos rodea a través de la sensación que nos produce en la retina de una luz distante que podía ser una farola, un coche aparcado o otra ventana paralela que comunica con el día. Tranquilo, todo esto no tiene mayor relevancia. Es el sustitutivo de la razón. Es una calle vacía a lado y lado por la que pasear sin peligro alguno de ser abordado por un sentimiento. Somos especialistas en mudanzas sensoriales.
No nos abandone sin haber probado nuestra especialidad: el vacío espontáneo. Tiene que probarlo. Es cómodo. Es hermético. Es inútil hasta el punto de que los signos vitales se preguntan si deberían seguir estando presentes cuando toda la consciencia se ha escapado hasta estrellarse sobre una pantalla.
Es la niebla gris de la estática del monitor mirada de cerca. Allí había trozos de nada, unos y ceros, testimonio del lugar ocupado por algo emitido con un mínimo interés. Ocurre aquí lo mismo. No es más que estática que usted se esfuerza en moldear mientras la observa danzar. Como si todo dependiese del sentido que le quiera dar, el que le tema dar, el que se niegue a darle. Como si todo dependiera de usted. Yo aquí le ofrezco la oportunidad de olvidarse conmigo. De transitar las palabras asintiendo cada cierto tiempo esperando encontrar aquí y allí un fragmento que le permita subirse al tren en marcha. Siento decirle que esta no es la intención.
Pero si encuentra algo que le guste puede quedárselo.
Tampoco es mío.
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IMPERSONAL.
Estas líneas inauditas discurren vacías. Impersonales. Como si algo se pudiese contar en ausencia de un protagonista. Una frase que es un verbo. Llueve. Y llueve para todos, o se precipita un torrente inmisericorde en mitad de un bosque, donde nadie lo puede transcribir.
Prospectos medicinales en los que se introduce una cláusula abusiva y nadie llega a esa línea porque solo importa cada cuanto tiempo puede uno tomarse como real a sí mismo.
Estas líneas solo pueden ser ocupadas por quién las lea. Sin embargo, es tan basto el océano, que quizás nadie llegue a sus orillas. Será, este, un nuevo caso de tronco hueco cayendo sin ruido. Un mensaje en una botella enterrada. Líneas impresas en tamaño de fuente tres lanzadas al espacio.
Y no importa. Porque ningún personaje sufrirá el olvido.
No hubo protagonista. No existió lector. Ni siquiera el autor estaba presente.
Como un grupo de estrellas distantes sobre la que trazamos la constelación de un dios inexistente.
Puntos que unen la nada.
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MECARNISMOS.
Interruptores cerebrales latentes conectan estancias del palacio que interaccionan con un alto grado de aleatoriedad.
Puedes escuchar los crudos crujidos de los generadores eléctricos al mover las habitaciones para crear nuevos espacios con propósitos distintos.
Mi favorito, donde hago vida, es el que enlaza el dormitorio con el despacho. Allí puedo dejar escritas notas sobre los sueños,
Sin embargo, últimamente, son algo vacuos y me pregunto si puedo conectar algún otro interruptor para que toda la realidad no sea más que hormigón onírico. -
SOÑAR CON CASAS AJENAS.
Soñar con casas ajenas. Pernoctar en vidas de otros sin ser visto. Transitar por paredes de la memoria, por adornos colgados de otros días, por mobiliario adivinado en un fugaz vistazo.
Soñar con casas ajenas desde el anhelo de ser otra casa, otra persona, otra vida. Un par de escenas en la penumbra del pasillo entre tu vida y la vida de nadie, pues nadie vive entre aquellas paredes gaseosas, solo se desplazan cabezas de fantasmas que no es necesario desarrollar, pues con el rostro y unos jirones la mente tiene bastante. No hay baños, o sí, hay diez. No hay habitaciones, o es una colmena. No hay razón entre aquellos muros que recuerdan a tu hogar en fotografías veladas. Soñar desde otro sitio para encontrarte arrojado en la misma cama de siempre con las esquinas ocultas de ese otro lugar disolviéndose en la mañana.
Soñar en casas ajenas. Soñar con tu casa disfrazada. Con similar reparto. Con escenario adaptado.
Con el fondo de esa casa ocultando lo que no quieres ver. Porque, pese a que no es racional, el arquitecto mental ha querido hacerte el favor de esconder los terrores en habitaciones a las que no has de llegar. Al final del pasillo.Al fondo de ti mismo.
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MADRUGADA (2).
Solo hay que observar el carnívoro suelo iridiscente para saber que, precisamente ese, es el camino. El camino idóneo daña con colores violentos que pulsan con el vigor de un sol que devora las sombras, altivo, y solo deja figuras bañadas en indómitos esplendores. Así las purifica para el siguiente paso.
Es importante que las paredes sean rectas, así nuestras propias pérdidas serán nuestra responsabilidad y el hecho de que elimináramos todas las puertas confiere a aquel infierno una gran sensación de seguridad.
Allí dentro es lo peor que puedes encontrar y queda en tus manos atesorar los segundos de calma como las oportunidades de escapar de los bocados entre los dientes. -
MÁS MENOS.
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Una imperante necesidad de transcribir los pulsos del vacío. Un estímulo pineal que empuja hacia atrás los contornos de la visión. Nada. Nada beatífica que rellena los espacios vacíos del intracosmos. Señales radioeléctricas que iluminan árboles neuronales.
Ya estoy bajando al terreno de lo dúctil.
Siete dedos por mano para portar más Uroboros. Las palmas como listines telefónicos que reúnen los números agónicos de casas pareadas por las que transcurren tus sueños de usar y tirar.
Siete ojos por cara para dedicar cada uno a un color del espectro y cerrarlos para ver el blanco.
El andar boca abajo en la senda del desatino. Burbujean los términos que provienen de un profundo magma color hueso.
“Está todo aquí” se escucha decir desde el interior del huevo.
Qué gran truco para forzarte a romperlo y emparejar las dos corrientes estáticas hasta que tejan estas líneas–
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OLVIDO
Cualquiera puede tener un olvido. Cualquiera. Es normal que no todo quede ordenado tras la aparición desestimada de cuatro caballeros prístinos que señalan las noches venideras con intachable pudor. Olvidar un recuerdo, una civilización entera.
Cualquiera puede girar la espalda y no encontrar aquello que fue. Cualquiera puede olvidarse de lo que no fue y añadirse a la comitiva intrínseca que a todos nos lleva a los postreros periplos de lo incognoscible.
Cualquiera puede olvidar todo lo que sabe y quizás un anónimo le haga el favor de encontrarle allí donde está perterchado de clavos y alambres de espinazo. Todo puede ser olvidado, estas líneas, estas elucubraciones, estas pantallas pasadas escritas sobre la cornisa del sueño.
Que no os apene el olvidar algo por grande que sea.
Así quedará espacio para otros olvidos futuros.
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ASOMARSE
Solo un instante para estar asomado en la esquina que cuelga entre dimensiones. Solo unos segundos para observar distantes luces cáusticas, iridiscencias lejanas sobre promesas habitables inalcanzables desde este punto flotante entre las linternas. Solo un equilibrio anecdótico escuchando rumores de recuerdos tan antiguos que suenan a ajenos mientras la noche se apaga demostrando que la ciudad no es nada más que constructos acordados entre nosotros, que no habrá ventanas encendidas si no creemos en ellas, que no existe un lugar al que volver más allá de la posición antigua de extintas estrellas.
Un insecto pasa. No le importa nada.
Agarrado en las esquinas del día, próximo a ese desprendimiento en la nada que supone el sueño, resplandores de otras vidas se atenúan si dejas de mirar y te asomas a la memoria reconstruida, la memoria que no es tal, la permanencia de asuntos desaparecidos que toman cuerpo etéreo para hacer de las noches algo más llevadero.
Solo un instante para estar asomado a la nada y toda la noche para flotar en ella. -
MADRUGADA (1).
He visto a los gemelos en llamas anteceder al gran cabalgador de hielo. Permanecían atentos a la gran calavera del caballo estelar.
Suspendidos en el magnetismo telegrafiado hay planetas de colores brillantes que pasan de lo inerte a lo vívido.
Todos son estrellas esta noche.
Todos son antiguos ángeles olvidados.Estas vías sintetizadas conectan dos puntos que ya no existen.
Hace tiempo que la autoridad clausuró la ciudad por falta de asistencia.Eran casas puntillistas surgidas de pasados silbidos azules, amarillos y magentas.
Casas con fotografías de trompetas y tristes retratos de moradores desconocidos.Todo suena a visto.
Recuerdo esas perlas iridiscentes de otros tiempos. Tiempos que no contemplaba porque pasaba por debajo de los rayos.
Estas partes de vuestras vidas se me antojan ajenas, parcas y descoloridas. Saben a caramelos añejos, a ocasos de naranja y a destellos en la lente de la memoria.
