Cualquiera puede tener un olvido. Cualquiera. Es normal que no todo quede ordenado tras la aparición desestimada de cuatro caballeros prístinos que señalan las noches venideras con intachable pudor. Olvidar un recuerdo, una civilización entera.
Cualquiera puede girar la espalda y no encontrar aquello que fue. Cualquiera puede olvidarse de lo que no fue y añadirse a la comitiva intrínseca que a todos nos lleva a los postreros periplos de lo incognoscible.
Cualquiera puede olvidar todo lo que sabe y quizás un anónimo le haga el favor de encontrarle allí donde está perterchado de clavos y alambres de espinazo. Todo puede ser olvidado, estas líneas, estas elucubraciones, estas pantallas pasadas escritas sobre la cornisa del sueño.
Que no os apene el olvidar algo por grande que sea.
Así quedará espacio para otros olvidos futuros.

