ASOMARSE

Solo un instante para estar asomado en la esquina que cuelga entre dimensiones. Solo unos segundos para observar distantes luces cáusticas, iridiscencias lejanas sobre promesas habitables inalcanzables desde este punto flotante entre las linternas. Solo un equilibrio anecdótico escuchando rumores de recuerdos tan antiguos que suenan a ajenos mientras la noche se apaga demostrando que la ciudad no es nada más que constructos acordados entre nosotros, que no habrá ventanas encendidas si no creemos en ellas, que no existe un lugar al que volver más allá de la posición antigua de extintas estrellas.
Un insecto pasa. No le importa nada.
Agarrado en las esquinas del día, próximo a ese desprendimiento en la nada que supone el sueño, resplandores de otras vidas se atenúan si dejas de mirar y te asomas a la memoria reconstruida, la memoria que no es tal, la permanencia de asuntos desaparecidos que toman cuerpo etéreo para hacer de las noches algo más llevadero.
Solo un instante para estar asomado a la nada y toda la noche para flotar en ella.