MADRUGADA (1).

He visto a los gemelos en llamas anteceder al gran cabalgador de hielo. Permanecían atentos a la gran calavera del caballo estelar.
Suspendidos en el magnetismo telegrafiado hay planetas de colores brillantes que pasan de lo inerte a lo vívido.
Todos son estrellas esta noche.
Todos son antiguos ángeles olvidados.

Estas vías sintetizadas conectan dos puntos que ya no existen.
Hace tiempo que la autoridad clausuró la ciudad por falta de asistencia.

Eran casas puntillistas surgidas de pasados silbidos azules, amarillos y magentas.
Casas con fotografías de trompetas y tristes retratos de moradores desconocidos.

Todo suena a visto.
Recuerdo esas perlas iridiscentes de otros tiempos. Tiempos que no contemplaba porque pasaba por debajo de los rayos.
Estas partes de vuestras vidas se me antojan ajenas, parcas y descoloridas. Saben a caramelos añejos, a ocasos de naranja y a destellos en la lente de la memoria.